EDUCACIÓN
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La Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA) acogió recientemente la IV edición del Congreso para alumnos de Bachillerato de la Red Educativa Arenales, un encuentro académico que reunió a cerca de 50 estudiantes procedentes de distintos colegios de la Red en España.
Este congreso da continuidad a iniciativas como la jornada “Saber para servir” celebrada el pasado 24 de octubre en la Universidad de Burgos, donde más de 200 alumnos de Bachillerato de Excelencia vivieron una experiencia académica centrada en la ciencia, la reflexión y el compromiso social. Aquella primera fase permitió a los estudiantes descubrir que el conocimiento alcanza su sentido pleno cuando se orienta al servicio de los demás, una idea que ahora se concreta y toma forma en este encuentro nacional celebrado en Salamanca.
Bajo el lema “Saber para servir”, los alumnos presentaron y defendieron sus trabajos de investigación en un entorno universitario real, compartiendo ideas, preguntas y propuestas que conectan el conocimiento académico con los desafíos del mundo actual.
El congreso se ha consolidado ya como una de las experiencias formativas más enriquecedoras para los alumnos de Bachillerato de la Red, al permitirles dar un paso más en su aprendizaje: investigar con rigor, argumentar sus conclusiones y exponerlas públicamente.

Autoría: Arenales Red Educativa
17 de Marzo del 2026
7 min de lectura
El Congreso no es únicamente una jornada de presentaciones. Detrás de cada ponencia hay meses de trabajo, investigación y acompañamiento por parte de los profesores.
Durante el curso, los alumnos desarrollan en sus respectivos colegios proyectos de investigación originales, aprendiendo a formular preguntas relevantes, analizar fuentes, estructurar argumentos y redactar textos académicos.
Posteriormente, los trabajos son evaluados por comités de investigadores universitarios, que analizan la calidad y el rigor de las investigaciones presentadas. Tras esta primera fase, cada colegio selecciona las ponencias que participarán en el encuentro nacional.
El resultado es una experiencia que introduce a los estudiantes en una metodología cercana al trabajo universitario, ayudándoles a desarrollar competencias fundamentales para su futuro académico y profesional.
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En esta cuarta edición participaron alumnos procedentes de colegios de la Red Educativa Arenales de Madrid, Burgos, León y Salamanca, generando un espacio de intercambio en el que los jóvenes investigadores pudieron compartir sus proyectos, contrastar ideas y aprender unos de otros.
El Colegio Montessori de Salamanca ejerció nuevamente como centro anfitrión, facilitando el desarrollo de las jornadas en el marco académico de la Universidad Pontificia de Salamanca.
Más allá de la dimensión académica, el encuentro se vivió también como una oportunidad de convivencia y aprendizaje compartido, donde los alumnos pudieron descubrir el valor del esfuerzo intelectual y el placer de buscar respuestas a preguntas relevantes.

Uno de los aspectos más enriquecedores del Congreso fue la variedad y actualidad de los temas abordados por los alumnos, que reflejan una mirada crítica y comprometida con los grandes retos de nuestro tiempo. A lo largo de la jornada, los estudiantes presentaron investigaciones en ámbitos como la salud, la tecnología, la ética, la educación o la sociedad digital:
Lejos de ser meros ejercicios académicos, estas investigaciones muestran cómo los alumnos son capaces de formular preguntas relevantes, analizar la realidad con profundidad y proponer enfoques que conectan el conocimiento con el bien común.

El lema elegido para esta edición —“Saber para servir”— refleja bien el espíritu del congreso y del proyecto educativo de la Red Arenales.
El conocimiento no se entiende únicamente como acumulación de información, sino como una herramienta para comprender mejor la realidad y contribuir a mejorarla.
Formar alumnos capaces de investigar, pensar críticamente, dialogar con otros y poner su talento al servicio de los demás forma parte del compromiso educativo que comparten los colegios de la Red.
Este congreso es una muestra de cómo el talento joven, cuando se acompaña y se orienta bien, puede convertirse en una verdadera escuela de pensamiento, responsabilidad y servicio.
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Varios colegios de la Red Educativa Arenales — Carabanchel, Arroyomolinos, Alborada, María Teresa y Santo Ángel, entre otros— participaron recientemente en la Jornada Anual de CECE, un encuentro que reunió a profesionales de la educación para reflexionar sobre algunos de los grandes retos educativos de nuestro tiempo.
Más allá de metodologías, herramientas o resultados académicos, el hilo conductor de la jornada fue claro desde el principio: lo primero, lo verdaderamente importante en educación, son las personas.

Autoría: Arenales Red Educativa
16 de Marzo del 2026
5 min de lectura
Uno de los mensajes más repetidos durante el encuentro fue que el colegio no es solo un espacio de transmisión de conocimientos, sino un lugar donde los alumnos aprenden a convivir y a superar prejuicios creando vínculos reales con los demás.
En un contexto social cada vez más polarizado y fragmentado, la escuela tiene una misión insustituible: ayudar a los alumnos a descubrir que la vida se construye con otros, para otros y gracias a otros.
Educar no consiste únicamente en acompañar el desarrollo individual. Implica también introducir a cada alumno en una comunidad donde aprende que la relación con los demás no es una amenaza, sino una oportunidad de crecimiento.
Porque, como se recordó en una de las mesas redondas, la persona es siempre frágil y vulnerable, y precisamente por eso necesita vínculos, pertenencia y comunidad.
El ilusionista y divulgador Miguel de Lucas compartió durante la jornada tres claves que resumían bien el espíritu educativo del encuentro: Conexión, emoción e ilusión.
La educación sucede cuando existe una verdadera conexión entre profesor y alumno. Cuando lo que se aprende toca también el corazón. Y cuando hay ilusión, esa fuerza invisible que mueve a las personas a querer aprender, mejorar y crecer.
En este sentido, lanzó también una idea sugerente para quienes se dedican a la enseñanza: “Para hacer brillar a los alumnos, primero tenemos que brillar nosotros”.
Un profesor que vive con pasión su tarea educativa contagia curiosidad, entusiasmo y confianza. Los alumnos perciben con facilidad cuándo quien tienen delante cree de verdad en lo que hace.
Otra de sus invitaciones fue especialmente sencilla y profunda a la vez: educar en el “aquí y ahora”. Ni atrapados en el pasado ni obsesionados por el futuro. La educación se juega siempre en el presente, en cada conversación, en cada gesto, en cada mirada.
Porque, como él mismo resumió con una fórmula que arrancó muchas sonrisas:
La magia ocurre cuando se unen la aptitud y la actitud.

Durante la mesa redonda posterior surgió una reflexión que resonó con fuerza entre los asistentes: Educar no es solo un oficio; es un propósito.
La educación no puede reducirse a resultados, indicadores o estadísticas. Todo eso es importante, pero no es lo esencial.
La verdadera pregunta es otra: ¿Qué tipo de personas estamos ayudando a formar?
Los ponentes alertaron también de un riesgo creciente en nuestra sociedad: la tendencia a educar sin límites claros, pensando que la libertad consiste en eliminar cualquier frontera.
Sin embargo, se recordó una idea clave: El límite no es un obstáculo para la libertad; es su condición de posibilidad.
Cuando se elimina cualquier referencia o marco, los jóvenes no se sienten más libres, sino más desorientados. Una generación sin raíces, sin vínculos y sin sentido acaba siendo también una generación más vulnerable.

Otro de los conceptos que atravesó la jornada fue el de la educación como cuidado.
Educar significa cuidar: cuidar la inteligencia, cuidar el carácter, cuidar las relaciones y cuidar también el sentido de la vida.
No se trata solo de enseñar contenidos, sino de acompañar procesos personales. De estar atentos a cada alumno. De generar comunidades educativas donde cada persona se sienta vista, conocida y valorada.

En un mundo marcado por cambios rápidos, nuevas tecnologías y transformaciones sociales profundas, una idea quedó especialmente clara durante la jornada: Los valores son lo único que permanece.
Los métodos cambian, los contextos evolucionan y las herramientas se transforman, pero los valores siguen siendo el cimiento sobre el que se construye una educación verdaderamente humana.
Por eso, encuentros como la Jornada Anual de CECE ofrecen una oportunidad valiosa para detenerse, compartir experiencias y volver a lo esencial.
Porque, al final, educar es siempre una tarea profundamente humana que solo puede hacerse desde las personas y para las personas.
Y esa convicción sigue siendo uno de los pilares sobre los que se construye el proyecto educativo de la Red Educativa Arenales.
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Hay una imagen que dice mucho de un proyecto educativo: más de 250 profesores dedicando su sábado a formarse, conversar sobre educación y pensar juntos cómo hacerlo mejor.
Eso es lo que ocurrió el pasado 7 de marzo en la Universidad Villanueva, donde docentes de distintos colegios participaron en la Jornada Académica de Arenales Red Educativa, un encuentro que cada año permite compartir experiencias, reflexionar sobre los retos educativos actuales y seguir fortaleciendo la cultura profesional de la Red.
Porque educar exige preparación, pero también exige algo más profundo: la voluntad constante de aprender y mejorar.

Autoría: Arenales Red Educativa
12 de Marzo del 2026
5 min de lectura
La jornada comenzó con la ponencia de Anabel Valera, consultora educativa, especialista en liderazgo, dirección y gestión educativa y autora de “Mi Líder soy yo”. Su intervención ayudó a situar algunos de los desafíos actuales del liderazgo educativo y el papel que desempeñan los profesores en la construcción de proyectos educativos sólidos.
A continuación, los docentes participaron en sesiones de formación didáctica organizadas por áreas de interés, seguidas de espacios de intercambio de experiencias.
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Profesores de distintos colegios pudieron compartir metodologías, contrastar enfoques y dialogar sobre los retos cotidianos del aula. Este intercambio es uno de los grandes valores de una red educativa: aprender unos de otros y construir conocimiento profesional compartido.
Las escuelas que progresan son aquellas capaces de aprender continuamente a hacer mejor lo que ya hacen, apoyándose en la inteligencia y la experiencia de todas las personas que forman parte del proyecto educativo.

Durante la jornada también se recordó la responsabilidad que tiene hoy la escuela en un contexto cultural complejo y cambiante.
Más allá de transmitir conocimientos, la educación está llamada a formar personas capaces de pensar con rigor, desarrollar criterio propio y hacerse buenas preguntas sobre la realidad.
En un tiempo marcado por la rapidez de la información y el impacto creciente de la inteligencia artificial, el papel del profesor resulta más necesario que nunca: ayudar a los alumnos a desarrollar hábitos intelectuales sólidos, capacidad de análisis y amor por el conocimiento.
Educar con serenidad, con sentido crítico y con una mirada constructiva sobre el futuro.

Más allá de los contenidos de las sesiones, la Jornada Académica dejó algo claro: el capital más importante de un proyecto educativo son sus profesores.
Que más de 250 docentes de la Red dediquen su tiempo a formarse, reflexionar sobre su práctica y compartir experiencias con otros compañeros refleja un rasgo esencial del proyecto educativo de Arenales: la mejora continua y el aprendizaje compartido.
Desde Arenales Red Educativa queremos agradecer a todos los profesores que participaron en esta jornada su implicación, su profesionalidad y su compromiso diario con la educación de sus alumnos.
Porque los proyectos educativos crecen cuando sus profesores siguen aprendiendo.

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Durante demasiado tiempo, aprender se ha asociado casi en exclusiva a escuchar, memorizar y repetir. A una experiencia más cercana a “aguantar” que a descubrir. Sin embargo, cualquiera que haya visto a un niño concentrado construyendo, investigando, debatiendo o creando algo con sentido sabe que esa imagen no encaja con la realidad de cómo aprendemos de verdad.
Aprender no es solo acumular datos. Es comprender, relacionar, experimentar, equivocarse, volver a intentar. Es crecer como persona. Y, cuando se hace bien, es profundamente estimulante.

Autoría: Arenales Red Educativa
10 de Febrero del 2026
7 min de lectura
La neurociencia y la pedagogía llevan años confirmándolo: aprendemos mejor cuando participamos activamente en lo que hacemos. El llamado aprendizaje experiencial parte de una idea sencilla y poderosa: no basta con explicar, hay que vivir el aprendizaje.
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Cuando un alumno investiga un problema real, prepara una presentación para otros, construye un prototipo, participa en un debate o colabora en un proyecto con sus compañeros, no solo está adquiriendo conocimientos. Está desarrollando competencias clave: pensamiento crítico, comunicación, trabajo en equipo, creatividad, capacidad de esfuerzo y de mejora.
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En las aulas de hoy, esto se traduce en metodologías activas, proyectos interdisciplinares, retos, trabajos cooperativos y situaciones de aprendizaje conectadas con la vida real. No se trata de “hacer cosas por hacer”, sino de dar sentido a lo que se aprende, de mostrar para qué sirve y cómo se aplica.
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La motivación no nace del ruido ni del espectáculo, sino del interés. Y el interés aparece cuando el alumno se siente protagonista de su propio proceso.
Por eso, cada vez tienen más peso dinámicas como:
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En este contexto, el profesor deja de ser solo quien explica y pasa a ser, sobre todo, quien acompaña, orienta y reta. Alguien que conoce a sus alumnos, detecta sus fortalezas y les ayuda a ir un paso más allá.
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Pero la educación no puede quedarse únicamente en lo académico. Formar personas es siempre más ambicioso que transmitir contenidos.
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Aprender también es:
Cuando el aprendizaje se plantea así, deja de ser algo frío o mecánico. Se convierte en una experiencia vital, que toca la cabeza, pero también el corazón y las manos.
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En una propuesta educativa integral, la dimensión espiritual no es un añadido decorativo, sino una parte esencial de la formación de la persona. También aquí, como en lo académico o lo humano, se aprende mejor cuando se vive.
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La educación en la fe no se transmite solo con conceptos o explicaciones, sino sobre todo a través de experiencias que ayudan a los alumnos a descubrir, celebrar y expresar lo que creen. Gestos sencillos, compartidos y llenos de significado, que dejan huella y construyen memoria.
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En los colegios de Arenales, esto se concreta en iniciativas que convierten la vida del centro en un espacio educativo también en lo espiritual: la bendición del Niño Jesús de los belenes en Navidad, que ayuda a preparar el corazón para ese tiempo; la celebración de la fiesta de Todos los Santos, en la que los alumnos se disfrazan de su santo favorito y descubren que la santidad es algo cercano y posible; o las ofrendas de flores a la Virgen en el mes de mayo, acompañadas de canciones y momentos de oración sencillos y cuidados.
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Estas experiencias no solo enseñan contenidos religiosos. Enseñan a agradecer, a celebrar, a mirar más allá de uno mismo, a vivir la fe de forma alegre y compartida. Ayudan a integrar lo que se aprende en clase con la vida cotidiana, con las emociones y con los vínculos que se crean en la comunidad educativa.
Porque educar en la fe es, en el fondo, educar también en el sentido, en la esperanza y en la confianza. Y cuando eso se hace desde experiencias vividas, comprensibles y adaptadas a cada edad, el aprendizaje deja de ser algo abstracto para convertirse en parte de la propia historia personal de cada alumno.
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Cada alumno es único. Tiene su ritmo, sus intereses, sus puntos fuertes y sus dificultades. Una educación verdaderamente personalizada no busca que todos sean iguales, sino que cada uno llegue tan lejos como pueda.
Esto implica detectar talentos, apoyar cuando hay dificultades y ofrecer retos cuando hay capacidad para más. Implica tutoría, acompañamiento, orientación y una mirada integral sobre la persona.
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Cuando un alumno siente que alguien cree en él, que su esfuerzo cuenta y que su crecimiento importa, cambia por completo su relación con el aprendizaje. Ya no estudia “para aprobar”, sino para crecer, comprender y mejorar.
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La escuela es, además, un lugar privilegiado para aprender a vivir con otros. En el aula se aprende a colaborar, a resolver conflictos, a asumir responsabilidades, a celebrar los éxitos compartidos y a levantarse después de un error.
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Las dinámicas de equipo, los proyectos comunes, las actividades deportivas, culturales o solidarias enseñan algo fundamental: nadie crece solo. Y esa es una de las lecciones más valiosas que puede ofrecer la educación.
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Quizá la pregunta no sea si aprender es aburrido, sino cómo estamos planteando el aprendizaje. Cuando se reduce a repetir sin comprender, a estudiar sin ver para qué sirve, a aprobar sin crecer, es normal que pierda atractivo.
Pero cuando el aprendizaje conecta con la vida, con los intereses, con los retos reales y con el desarrollo personal, ocurre algo muy distinto: despierta la curiosidad, activa el esfuerzo y genera ilusión.
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En Arenales Red Educativa creemos precisamente en eso: en una educación que combina exigencia académica, acompañamiento personal, formación en valores y metodologías que hacen del alumno un protagonista activo de su propio camino.
Porque aprender no es solo saber más. Es ser más. Y eso, cuando se vive de verdad, difícilmente puede ser aburrido.
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El pasado sábado 22 de febrero, Arenales Red Educativa celebró con éxito su Jornada Académica, un espacio de formación y crecimiento personal y profesional para más de 150 docentes de la Red y otros colegios amigos. La jornada se estructuró en diversas sesiones y talleres enfocados en áreas clave como Matemáticas, Inglés, Comprensión lectora, Orientación e Infantil, destacando la importancia del desarrollo continuo del profesorado dentro de la Red.
La jornada comenzó con una sesión de Alfonso Aguiló, presidente de Arenales red educativa. En su sesión, destacó la importancia de una educación basada en la excelencia académica enfatizando que el aprendizaje debe ir más allá de los conocimientos para formar personas equilibradas, con inquietud intelectual y valores sólidos. Subrayó el papel de la escuela como un espacio donde nacen los primeros ideales y se construye la identidad personal, promoviendo un entorno de ilusión por aprender, exigencia personal y ayuda mutua. Además, resaltó la labor del docente como un referente que inspira a los alumnos no solo con su enseñanza, sino con su ejemplo y compromiso.
A continuación, Carmen Pellicer, pedagoga, escritora y presidenta de la Fundación Trilema, con una amplia trayectoria en innovación educativa y formación docente. abordó el desarrollo de metodologías de aprendizaje y la importancia de los principios de equidad, inclusión y personalización en la enseñanza.
Durante la jornada, los docentes participaron en diferentes sesiones especializadas:
Además de las sesiones por áreas, los participantes tuvieron la oportunidad de intercambiar experiencias, compartir preocupaciones y debatir sobre herramientas y metodologías aplicadas en distintas etapas educativas. Este espacio de colaboración permitió fortalecer la conexión entre docentes y fomentar una visión educativa unificada.
Arenales Red Educativa refuerza su compromiso con la formación de su equipo docente a través del Proyecto Izar, una iniciativa dedicada a la mejora continua de los educadores, promoviendo el desarrollo de competencias pedagógicas y personales. Este enfoque integral permite que los docentes estén en constante actualización y crecimiento, impactando positivamente en la calidad educativa de los centros de la red y en su entorno.
La jornada académica reafirma el propósito de Arenales de continuar apostando por la educación de calidad, la innovación pedagógica y el desarrollo profesional de sus docentes al servicio de la sociedad.
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El pasado sábado 15 de febrero, el Colegio María Teresa organizó unas jornadas de formación sobre el método Montessori, abiertas a todos los colegios de la red Arenales. El objetivo de la jornada fue profundizar en los pilares fundamentales de este enfoque educativo y compartir experiencias entre los docentes de los diferentes centros.
La formación comenzó con una reflexión profunda sobre el cambio de mirada del adulto en el proceso educativo. Los asistentes tuvieron la oportunidad de explorar cómo nuestras propias experiencias y la educación que recibimos en nuestra infancia pueden influir en la forma en que educamos hoy. Se hizo especial hincapié en la importancia de reconocer los patrones inconscientes que pueden estar presentes en nuestras prácticas educativas y cómo podemos transformarlos para favorecer el desarrollo de los niños.
A continuación, la jornada incluyó una parte práctica en la que Mar Masó, guía y formadora Montessori y disciplina positiva, presentó varios materiales sensoriales y de vida práctica, claves en el enfoque Montessori. Los asistentes pudieron conocer cómo estos recursos fomentan la autonomía y el aprendizaje a través de la experimentación y el descubrimiento.
Una de las actividades más esperadas fue el recorrido por las aulas del Colegio María Teresa, donde se pudo ver cómo se trabaja con el Método Montessori en todas las aulas del Primer Ciclo de Infantil. Durante este paseo, los docentes pudieron resolver muchas dudas sobre el “ambiente preparado Montessori” y cómo se organiza el espacio para fomentar el aprendizaje autónomo.
Ester Cerezo, directora de Infantil del Colegio María Teresa, compartió su experiencia personal en la implantación del método Montessori, detallando cómo este enfoque ha transformado la educación en su centro.
Además, Gemma Asenjo, directora de Infantil del colegio Senara, compartió su experiencia en la implementación exitosa del método Montessori en su centro, tras haber completado la capacitación intensiva Montessori Arenales el curso pasado.
El encuentro culminó con un enriquecedor momento de café, donde los asistentes tuvieron la oportunidad de compartir dudas, experiencias y reflexionar sobre los retos y las oportunidades que ofrece este enfoque educativo para mejorar la educación de nuestros alumnos más pequeños.
Estas jornadas han sido una oportunidad para seguir creciendo como comunidad educativa, reflexionar sobre nuestro papel en el proceso de aprendizaje y seguir buscando formas de ofrecer una educación de calidad a los niños que están comenzando su camino educativo.
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