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EDUCACIÓN

500 kilómetros hasta la Virgen: aprender a contar con los demás

La carrera de relevos de Tajamar ha reunido a más de mil corredores rumbo a Torreciudad. Varios colegios de Arenales han participado en una iniciativa que conecta deporte, fe y relaciones entre generaciones.

Una carrera de 500 kilómetros necesita muchas personas. Alguien empieza, otros esperan su turno y cada grupo recibe el trabajo de quienes le han precedido. Hay corredores, familias, amigos y personas pendientes de que todo funcione. La distancia se completa porque cada uno asume una parte y confía en los demás.

Así ha transcurrido la 29.ª edición de la Carrera de Relevos 500KM, organizada por el Club Deportivo Tajamar entre Madrid y el santuario de Torreciudad. La prueba salió el 24 de septiembre, con Manolo Lama dando el pistoletazo de salida, y reunió a más de mil corredores, según la organización.

Autoría: Arenales Red Educativa

28 de Septiembre del 2026

7 min de lectura

Los colegios comparten camino

En los primeros kilómetros participaron alumnos de Arenales Carabanchel, Alborada, Arenales Santa Mónica y Arenales Santo Ángel. Arenales Arroyomolinos también figura entre los centros participantes, junto a Tajamar, Los Tilos, Senara y la Universidad Villanueva.

La carrera ofrece a los alumnos una experiencia concreta de colaboración entre colegios. Durante unas horas comparten recorrido, esfuerzo y una responsabilidad: hacer avanzar el relevo para que otros puedan continuar.

Ahí se entiende bien el valor educativo del deporte. La constancia permite seguir cuando aparece el cansancio; la responsabilidad lleva a prepararse y cumplir con el equipo; el compañerismo exige prestar atención al que corre al lado. Son hábitos que se adquieren practicándolos y que después hacen falta en el estudio, en la familia y en las amistades.

También los adultos tienen su lugar en ese aprendizaje. Compartir una actividad exigente permite a padres, profesores y alumnos encontrarse en una situación distinta a la habitual, con tiempo para hablar, ayudarse y disfrutar juntos.

Una carrera que se acerca a los mayores

Entre las escenas compartidas por Tajamar está el paso por la residencia de mayores de El Casar, en Guadalajara, donde vive Ángel Madrid, antiguo profesor del colegio. El centro ha agradecido al personal de la residencia su colaboración y la atención prestada a los participantes.

Ese encuentro ayuda a comprender el alcance de la iniciativa. Una comunidad educativa sigue vinculada a quienes han formado parte de ella. Acercarse a un profesor y compartir la carrera con los mayores de una residencia es una manera concreta de cuidar esa relación.

Para los alumnos, hay una enseñanza importante en estos gestos: las personas siguen teniendo un lugar en nuestra vida cuando cambian sus circunstancias. La gratitud se expresa dedicándoles tiempo, y la amistad necesita ocasiones para hacerse presente.

La carrera reúne así a personas de distintas edades y capacidades. Unos recorren kilómetros; otros reciben, acompañan o colaboran. Todos pueden participar de una experiencia común.

Torreciudad: llevar la vida a la oración

El último relevo llegó a Torreciudad el 26 de septiembre, después de 48 horas de carrera. En el santuario, los participantes rezaron el rosario acompañando las imágenes de la Virgen de Tajamar y de la Virgen de los Deportistas. La jornada incluyó ofrendas, la celebración de la Eucaristía y una comida familiar.

Que la meta esté junto a la Virgen da a todo el recorrido un sentido de peregrinación. El esfuerzo físico, las conversaciones y la ayuda recibida encuentran espacio en la oración. Se puede agradecer lo vivido, pedir por alguien y confiar a María las preocupaciones con las que cada uno ha salido de casa.

Esta es una forma natural de unir la fe a la vida. El deporte ofrece ocasiones para aprender a perseverar, reconocer los propios límites y dejarse ayudar. La fe permite vivir esas experiencias en relación con Dios y convertirlas también en servicio a los demás.

Aprender a correr juntos

El testigo entregado este año al santuario llevaba una frase del Papa León XIV: «La vida no es una carrera solitaria, hay que aprender a correr juntos».

En una prueba de relevos, esa idea se vuelve muy concreta. Cada corredor necesita recibir y entregar. Su esfuerzo cuenta, y el de los demás también. Hay momentos para asumir la responsabilidad y otros para confiar en quien continúa.

Es un aprendizaje esperanzador para quienes empiezan el curso. Los retos que parecen inabarcables pueden afrontarse con preparación, ayuda y un compromiso compartido. Los 500 kilómetros dejan esa experiencia en alumnos y familias: haber contribuido a algo que ninguno habría podido completar de la misma manera por su cuenta, con la Virgen como meta y muchas personas a las que agradecer el camino.

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